El conflicto del Tíbet arrastra una lucha constante entre chinos y tibetanos, perpetuada a lo largo de la historia. Por tanto, no se puede analizar este conflicto basándonos únicamente en los hechos acontecidos recientemente. Será necesario, pues, remontarse al origen de esta constante reyerta.
Invasiones al Imperio tibetano y su final anexión a la República China
El Imperio Tibetano se consolida en el siglo VII por orden del rey y primer Dalai Lama Songtsen-Gampo, y su zona de influencia se extiende por China, India, Bután y Nepal.
Templo construido en el siglo VII
El nuevo imperio de Songtsen-Gampo resiste con fuerza los distintos intentos de intrusión, manteniendo su independencia hasta el siglo XIII. Es en esta época cuando comienzan las invasiones por parte de distintos imperios orientales o potencias occidentales. Así pues, desde 1279, año en que comienzan las primeras reclamaciones por parte del Imperio mongol, hasta 1951, año en que la República Popular China anexiona la región tibetana, un sinnúmero de agresiones, levantamientos y represiones van a provocar la caída de un Imperio y su anexión al país chino, con sus consecuentes repercusiones las cuales, aún en la actualidad, se hacen sentir como una herida que no ha terminado de cicatrizar.
En 1279, el Imperio Mongol traspasa las barreras del país chino e invade parte del Imperio Tibetano. Como consecuencia de la influencia mongol en la región, y ante el miedo de provocar una guerra en la que las posibilidades de triunfar eran mínimas, el Dalai Lama pide protección y apadrinamiento del Tíbet por parte del Imperio Mongol a cambio de lealtad política y práctica de la religión budista, propia de los mongoles. Tal es el fervor con que los tibetanos se entregan a esta nueva religión que, en el año 1578, el Dalai Lama Sonam Gyatzo es reconocido como líder espiritual por los mongoles budistas.
La caída del Imperio mongol va a propiciar la independencia de China, reinada ahora por la dinastía manchú Ping. La región tibetana, protegida por un Imperio en crisis, mantiene pocos lazos con la dinastía Ping, estableciendo una relación cordial “entre Estados” (política de Chö-Yün). Las débiles relaciones del Tíbet con China, la decadencia y posterior caída de su protector y las aspiraciones territoriales del Imperio manchú provocarán la invasión de la región por parte de tropas manchúes, así como su intervención en el Gobierno tibetano. Sin embargo, a pesar de todas estas dificultades, el Tíbet finalmente no es anexado.
Durante el siglo XIX, y a principios del siglo XX, la colonización por parte de Gran Bretaña en India y Pakistán afecta finalmente a la zona tibetana, la cual decide formar parte del conjunto de protectorados británicos a cambio de una nueva protección de la potencia occidental contra las invasiones. Por su parte, la dinastía chino-manchú Ping intenta, en varias ocasiones, invadir la región Tibetana. No obstante, la revolución de Sun Yat-sen, promovida por el partido socialista soviético, provoca la caída del último emperador de la dinastía, Pi Yu, proclamándose la primera República Popular China, pináculo de la era maoísta. En 1951, y tras la descolonización y pérdida de protección por parte de Inglaterra, la República China invade la región tibetana, reclamando el territorio como provincia.
Sun Yat-sen, participante de la revolución socialista china y considerado padre de la China moderna.